17 de julio de 2015 / 22:26 / hace 2 años

Leyenda del capo mexicano "El Chapo" se aviva con su segunda fuga

Por Lizbeth Diaz y Dave Graham

CULIACÁN, México, 17 jul (Reuters) - Pocos días después de su minuciosa fuga desde la ducha de su propia celda, la leyenda del poderoso narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán se ha agigantado en su tierra natal, un lugar donde reinan las organizaciones criminales.

Guzmán desapareció de la cárcel en la noche del sábado escabulléndose por un sofisticado y extenso túnel que comenzaba en la ducha de su celda, la segunda fuga de un penal de máxima seguridad que consolidó su inmortalidad en la historia criminal.

Miles de soldados y policías participaban en los operativos de rastrillaje lanzados por el Gobierno de Enrique Peña Nieto en todo el país para volver a capturar “lo antes posible” al hombre más buscado, y al que muchos en su estado natal de Sinaloa consideran más poderoso que el mismo presidente.

Su escape no sorprendió a sus coterráneos de Sinaloa, en el norte mexicano, en donde compusieron “narcocorridos” sobre Guzmán y sus fechorías.

“En Sinaloa sabemos que no le gusta estar encerrado”, dijo Erika Carrillo, de 50 años, en las afueras de una iglesia en Culiacán, la capital sinaloense, asegurando que en la sierra del estado la gente lo quiere y lo protege.

En el pueblo donde Guzmán nació, Badiraguato, algunos dicen que instaló un servicio robusto de energía eléctrica y que dio dinero para la construcción de una iglesia, entre otras obras. Pero el alcalde de la localidad, donde la mitad de la población se dedica a plantar marihuana, lo niega.

Para muchos pobladores de esa zona montañosa que viven de su generosidad “El Chapo” es un héroe. Para muchos otros mexicanos es un calculador criminal de sangre fría.

En Culiacán, una tranquila ciudad donde hay altares para narcotraficantes asesinados y donde la prosperidad se debe al lavado de dinero, también se desplegaron operativos en busca del capo de 58 años, a quien se responsabiliza en su país y en Estados Unidos por miles de muertes vinculadas a las drogas.

Pero el capo narco ha sabido sacar provecho de la desconfianza y mala imagen que generan los políticos.

“Es mejor que los políticos, da trabajos y sin robarnos los impuestos”, dijo Claudia Sánchez, una empleada de 45 años. “Se le quiere, sí se le quiere porque ayuda”.

“El Chapo” construyó su negocio a fuerza de sobornos a políticos y policías, y de fuego contra sus competidores, hasta convertirlo en el mayor cártel de México. Su escape es la muestra más flagrante del poder corruptor que tiene en México.

“Es talentoso, audaz, atrevido”, dijo un alto funcionario del partido gobernante bajo condición de anonimato. “Creo que los gringos van a hacer una película de esto al final”.

Ahora se espera que Guzmán vuelva a tomar el timón del Cartel de Sinaloa, sin importar donde se encuentre. Durante su reclusión, el cartel siguió operando bajo el liderazgo de varios de sus hijos y de su socio y compadre Ismael “El Mayo” Zambada, según analistas, expertos en seguridad y periodistas.

Los residentes de Culiacán se resisten a hablar mal de Guzmán, dando a entender la amenaza de violencia subyacente.

“Yo he oído decir que él es una persona muy preciosa, muy buena” dijo Teresa de Jesús Sánchez, una anciana encargada del altar de Malverde, un bandido sinaloense que para algunos es un santo, aunque su existencia es discutida.

“Si viniera y me dice soy El Chapo por qué me va a dar miedo, lo abrazaba y lo besaba”, dijo la mujer.

EMPORIO SEGUIRÁ CRECIENDO

A diferencia de su ostentosa contraparte colombiana Pablo Escobar, Guzmán construyó su imperio en las sombras corrompiendo a funcionarios y sellando alianzas pragmáticas con algunos competidores mientras mantenía una guerra con otros.

Con su receta, sobrevivió a muchos de sus contemporáneos.

Algunos de ellos están en el cementerio Jardines del Humaya, donde se yerguen fastuosos mausoleos con aire acondicionado en los que reposan restos de poderosos narcos como Arturo “El Jefe de Jefes” Beltrán Leyva, o Ignacio ‘Nacho’ Coronel.

Rezando por la buena fortuna del fugitivo narcotraficante, los residentes locales dicen que las visitas al altar de Malverde, incluyendo a familias enteras, se han disparado desde que “El Chapo” escapó.

Eso explica por qué Guzmán tiene poco que temer si decide retomar las riendas del cartel desde su estado natal.

Algunos apuestan que con el regreso del capo a su organización, descrita por muchos como una transnacional, esta seguirá creciendo y expandiéndose por México y el mundo.

“Su proyecto es construir una red de redes, con miles de franquicias y células, y trabajar a través de la cooperación y no la competencia. Él sabe que puede hacer mucho más dinero a través de la cooperación”, dijo Edgardo Buscaglia, experto en crimen organizado de la Universidad de Columbia.

Con el Cartel de Sinaloa, Guzmán creó una empresa de tráfico de marihuana, cocaína y heroína hacia Estados Unidos y Europa. Y luego extendió sus actividades hacia Latinoamérica y Asia, donde se proveía de precursores químicos para su floreciente negocio de metanfetaminas.

Su primer escape fue en el 2001. Guzmán se burló de las autoridades saliendo de una cárcel de máxima seguridad en el estado de Jalisco en un carrito de ropa sucia, según la historia oficial. Otra versión cuenta que salió disfrazado de policía por la puerta principal.

Después de 13 años en la clandestinidad, fue atrapado el año pasado. Pero algunos dudan de que puedan volver a capturarlo.

El Gobierno todavía busca al narco Rafael Caro Quintero, que quedó fue liberado en México hace dos años por un error técnico.

Pero mientras las autoridades persiguen a estos criminales, los autores de los “narcocorridos” siguen logrando material para sus composiciones en un país donde 100,000 personas han muerto en los últimos ocho años por la violencia de los cárteles.

“Él (Guzmán) es un hombre muy poderoso. Creo que es más poderoso que el presidente”, dijo Jaime Carrillo cantante y baterista de la banda BurKnas de Culiacán. (Reporte adicional de Dave Graham, Joanna Bernstein, Max De Haldevang, escrito por Ana Isabel Martinez. Editado por Pablo Garibian)

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