27 de enero de 2014 / 19:59 / en 4 años

ENFOQUE-Autodefensas vs narcos: amenaza a la seguridad mexicana

Por Simon Gardner

BUENAVISTA, México, 27 ene (Reuters) - Con escopetas, rifles y maltratadas ametralladoras al hombro, docenas de miembros de un grupo de autodefensa se preparan para patrullar un rincón del oeste de México, donde sostienen una guerra con un cártel de las drogas.

El grupo variopinto forma una fila de camionetas pick-up y lujosos vehículos utilitarios a un costado del camino en el municipio de Buenavista. Momentos después, un convoy armado de la policía federal pasa a unos cuantos metros.

Ambos grupos se miran, un par de autodefensas saludan y cada uno sigue su camino.

En el estado agrícola de Michoacán, azotado por la violencia, las autodefensas se enfrentan con el cártel de los Caballeros Templarios por el control de territorios.

Tras dejar que el conflicto se recrudeciera, el Gobierno prometió este mes retomar el control, pero sus mensajes han sido contradictorios.

Primero, funcionarios dijeron que protegieron a un líder de las autodefensas porque había golpeado a los Templarios, pero después llamaron a su grupo a desarmarse. El Gobierno envió tropas a confiscar sus armas e inmediatamente dio marcha atrás luego de que dos civiles murieron en un enfrentamiento.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad han hecho la vista gorda ante los movimientos de las autodefensas, viéndolas como un mal menor y posiblemente aliadas contra los Templarios.

Aun así, expertos opinan que el avance de las autodefensas, en esta tierra de valles con sembradíos de aguacate y huertos de limón, y montañas salpicadas con laboratorios de metanfetaminas y plantíos de marihuana, amenaza con crear una trampa de para el presidente Enrique Peña Nieto en materia de seguridad.

“Los malos están matando gente, por eso estamos levantando armas”, dijo Fidel, un agricultor de limón de 37 años que se unió a las autodefensas y rechazó dar su nombre completo por temor a represalias de los Templarios, quienes toman su nombre de una orden religiosa militar de la Edad Media.

“Estamos haciendo el trabajo del Gobierno”, agregó mientras otro miembro del grupo mostraba orgulloso una cacha de madreperla que un artesano local hizo para su revólver.

Por ahora, los autodefensas han hecho huir a los Templarios. Han ocupado las lujosas guaridas abandonadas por los jefes del cártel y mantienen vigilantes armados para alejar a los que estén tentados a regresar.

En una de las guaridas, escondida tras la fachada de una bodega, pueden verse valiosas pistas de las actividades del crimen organizado: un escáner de radio, una chequera, y libros contables con detalles de pagos por decenas de miles de dólares. Ningún policía había entrado al sitio.

La cooperación es tan cercana que algunos líderes de las autodefensas incluso tienen guardaespaldas policiales.

“La estrategia pasa por el no choque, la no confrontación, y privilegiar la vida humana y el diálogo”, dijo Alfredo Castillo, recién nombrado comisionado del Gobierno Federal para la seguridad y desarrollo de Michoacán, parte de una limpieza de elementos de seguridad estatales.

“Estamos hablando de neutralizar sus capacidades de operación, organización, reclutamiento, financiamiento y de generar violencia (de los Templarios). Eso es lo verdaderamente importante”, destacó.

Los Templarios se presentan como una autoridad moral que defiende a las personas y han establecido una estricta serie de reglas en un pequeño libro adornado con cruces rojas e imágenes de caballeros portando armaduras. Algunos jefes del cártel incluso se han mandado hacer retratos vestidos como caballeros.

Un extraño anuncio en un camino dice: “Poder sin justicia sólo genera violencia”.

Los Templarios han colgado los cuerpos de sus rivales en puentes, secuestrado y “desaparecido” a quienes se negaron a pagar protección, según residentes locales. El Gobierno los acusa también de haber emboscado y asesinado a militares.

DESAFIANTES

Las autodefensas dicen que no entregarán las armas hasta que el Gobierno mate o capture a los líderes del cártel, a quienes acusan de robar propiedades y de exigirle 20 por ciento de sus ventas a los granjeros locales como protección.

“A todos se les cobra una cuota”, dijo Lucio Palomino Casillas, un productor de mango de 45 años, mientras veía a miembros de las autodefensas patrullar una calle en la antigua fortaleza de los Templarios, Nueva Italia. Un convoy de policías federales se movía en dirección opuesta.

“Prefiero que me fusilen antes de vivir así”, afirmó.

Durante sus 14 meses en el poder, Peña Nieto ha buscado enfocar la atención más en sus esfuerzos para reformar la economía que en la cruda violencia que ha dejado más de 80,000 muertos desde que su predecesor, Felipe Calderón, lanzó hace siete años una ofensiva contra el narcotráfico.

La semana pasada, hablando sobre la situación en Michoacán, el presidente dijo que algunas de las autodefensas responden a un genuino deseo de organizarse contra el crimen organizado.

Nik Steinberg, experto latinoamericano de Human Rights Watch, dijo que el Gobierno ha dado un mensaje “totalmente esquizofrénico”, al trabajar lado a lado con las autodefensas al tiempo que les exige desarmarse.

“La consecuencia de este mensaje mezclado es que los grupos se sienten legitimados y con derecho a llevar a cabo labores que deberían estar reservadas al Estado”, agregó. Los eventos en Michoacán podrían llevar a que el fenómeno de las autodefensas se reproduzca en otros lugares del país, dijo.

Los Templarios surgieron de una pandilla michoacana llamada “La Familia”, un grupo con tendencias cuasireligiosas que se enfrentó localmente contra Los Zetas, el cártel más notorio de México. La Familia tuvo un inicio similar a las autodefensas.

“La Familia recibió el apoyo de la sociedad”, dijo este mes el comisionado Castillo. “No los veían como un grupo criminal sino como los jóvenes que habían sido reclutados como una falta de apoyo (del Gobierno del estado)”.

El riesgo en Michoacán es que la historia se repita y un grupo violento reemplace a otro. Expertos dicen que el uso de milicias populares es una mala idea porque suelen terminar comportándose como los grupos que surgieron para combatir.

Algunos vecinos dicen que los nuevos grupos de autodefensas han sido infiltrados por pandillas rivales del narco. El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, ha dicho que está “preocupado” por la situación.

¿RECETA PARA EL DESASTRE?

Castillo dice que el Gobierno tiene la mira en 26 líderes de los Templarios y otros 100 lugartenenientes. Unos 4,800 policías federales y 4,500 soldados han sido enviados a Michoacán, pero hasta el momento no han capturado a ningún jefe, argumentando lo accidentado del terreno.

Peña Nieto ha prometido no sólo llevar paz al estado sino atacar las raíces de la falta de Estado de Derecho. El Gobierno ha prometido incorporar eventualmente a las autodefensas, como una fuerza policial rural con entrenamiento adecuado, a la par de programas de desarrollo y creación de empleos.

El diputado opositor Guillermo Anaya, jefe de la comisión de seguridad pública de la Cámara Baja de México, ha dicho que el manejo de la situación en Michoacán arriesga debilitar el impacto de las reformas económicas del Gobierno.

“Es la prueba de fuego de este Gobierno”, dijo el legislador. “Ellos deberían haber decretado el estado fallido”.

Tras años de débil crecimiento económico, el Gobierno está apostando a que el impulso de las reformas cree oportunidades que reduzcan el atractivo del crimen organizado. Y algunos economistas de alto calado creen que las perspectivas son buenas, pese a la violencia.

El economista Jim O‘Neill, quien previamente trabajó para Goldman Sachs, dijo en una entrevista telefónica que “creo que es mucho más sensato enfocarse en implementar las reformas creadoras de riqueza”.

Entre quienes quieren una mejor vida está Lisbeth Sosa, una madre de 24 años, quien observaba nerviosamente mientras soldados resguardaban la oficina del alcalde en Apatzingán, una de las plazas fuertes de los Templarios.

“Mi hijo de cuatro años me pregunta: Mamá, ¿si no me porto bien, me van a matar?”, dijo Sosa, quien regresó el año pasado de Estados Unidos, a donde se fue sin documentos. Ahora lamenta haber vuelto.

“La única solución será sacarlos (a los Templarios) de aquí, pero creo que nunca van a poder hacerlo. Tienen sus raíces aquí”, afirmó. (Reporte adicional de Dave Graham y Chrissie Murray en Ciudad de México y Lesley Wroughton en Washington, traducido por Verónica Gómez Sparrowe y Tomás Sarmiento; Editado en español por Javier López de Lérida)

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