23 de noviembre de 2013 / 13:03 / en 4 años

RPT-PERFIL-Hernández, el hombre fuerte que promete mano dura contra el crimen en Honduras

(Repite nota transmitida el jueves)

Por Gustavo Palencia

TEGUCIGALPA, 21 nov (Reuters) - El candidato oficialista a la presidencia de Honduras, Juan Orlando Hernández, tiene una receta para acabar con la delincuencia en uno de los rincones más violentos del mundo: sacar los militares a la calle.

Nacido en el seno de una familia campesina, formado en Estados Unidos y como presidente del Congreso posiblemente uno de los hombres más influyentes de Honduras, Hernández es la apuesta del Partido Nacional para retener el poder en las elecciones del domingo.

El abogado de 45 años suele echar mano a sus raíces campesinas para capitalizar el descontento de este productor de café de América Central donde un 65 por ciento de los 8,5 millones de habitantes vive en la pobreza.

Hernández prometió crear una policía militar para contener la bestial ola de violencia relacionada con el narcotráfico que azota a Honduras.

“Voy a hacer lo que tenga que hacer para recuperar la paz”, dijo el domingo pasado en su acto de cierre de campaña.

El uso de imágenes de militares en sus anuncios fue criticado por la oposición, pero le ayudó a reducir progresivamente la brecha que lo separaba de su principal rival, la izquierdista Xiomara Castro, esposa del ex presidente Manuel Zelaya derrocado en un golpe de Estado en el 2009.

En la última encuesta de la empresa CID Gallup publicada el 23 de octubre muestra un empate técnico entre Hernández con un 28 por ciento de la intención de voto y Castro, candidata del Partido Libre de reciente creación, resultó con un 27 por ciento.

Hernández, 15º de 17 hijos, proviene de una familia de agricultores del departamento de Lempira, una de las regiones más pobres al oeste del país. Estudió en un colegio militar, se graduó de abogado y obtuvo una maestría en administración legislativa en Estados Unidos. Es casado y padre de cuatro hijos.

ENCARNA PODER

Sus detractores lo acusan de aprovechar al aparato gubernamental en una campaña que, dicen, estuvo cargada de propaganda insultante y guerra sucia.

“La propaganda masiva del partido de gobierno ha estado saturada de amenazas, ataques y anuncios de fuerzas militares, llenos de violencia”, dijo Castro el miércoles.

Sus críticos lo consideran además un hombre autoritario y lo acusan de maniobrar para destituir a cuatro magistrados de la Corte Suprema de Justicia que habían declarado inconstitucionales dos iniciativas suyas: una ley para depurar la policía y otra que creaba zonas especiales con autonomía administrativa para estimular la inversión extranjera.

“Hay que reconocer que Juan Orlando Hernández encarna un poder e influencia que supera el del mismo presidente Porfirio Lobo”, dijo a Reuters el analista hondureño Raúl Pineda.

Hernández se las arregló para que parte de los diputados del opositor Partido Liberal apoyaran sus iniciativas, desobedeciendo las órdenes de los líderes de esa fuerza política.

UN SOLDADO EN CADA ESQUINA

Durante su campaña, Hernández llamó a “derrotar a los del camino malo” en referencia al partido Libre de su contrincante Castro.

Vestido con pantalones vaqueros y camisa blanca en lugar de su habitual traje oscuro de parlamentario, Hernández insistió durante la campaña en que hará lo que sea necesario para recuperar la paz en Honduras, aún cuando se vea obligado a poner a un militar en cada esquina.

Fue él quien impulsó en el Congreso una reforma para darle al Ejército funciones policiales ante la extendida corrupción de la policía. Su propuesta de crear una policía militar con 5.000 hombres es considerada por sus adversarios como un retroceso en la institucionalidad del país.

En los últimos años, la delincuencia se agravó a medida que los cárteles del narcotráfico mexicano intensificaron el uso del territorio hondureño para fabricar drogas sintéticas y traficar cocaína de Sudamérica.

Honduras, uno de los países más pobres del continente, tiene actualmente el más alto índice de homicidios en el mundo con 85.5 asesinatos por cada 100,000 habitantes, según un observatorio local de la violencia auspiciado por Naciones Unidas.

Pero el uso de militares para la vigilancia no ha logrado disminuir el promedio de 20 crímenes diarios.

Una de las leyes impulsadas por Hernández permite la extradición a Estados Unidos de hondureños acusados de narcotráfico, inexistente hasta el año 2012. Eso desató represalias de los cárteles, como el asesinato del influyente periodista de la radio HRN, Alfredo Villatoro.

Las autoridades estrecharon la seguridad en torno a Hernández y otros legisladores, debido a amenazas de muerte. La aparición de personas asesinadas, muchas veces brutalmente mutiladas, en las calles de Tegucigalpa y la norteña San Pedro Sula se incrementó en ese entonces. (Escrito por Anahí Rama, editado por Ana Isabel Martínez)

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