15 de julio de 2012 / 20:04 / en 5 años

ENFOQUE-Tregua de pandillas El Salvador reduce tasa asesinatos

* Tasa de homicidios se reduce por tregua

* Política vira desde la “mano dura”

Por Nelson Rentería

QUEZALTEPEQUE, El Salvador, 15 jul (Reuters) - Víctor García, alias “El Duck”, a sus 39 años ha sobrevivido más tiempo que la mayoría de los pandilleros en El Salvador, suficiente como para ver a cientos de sus compañeros morir asesinados por rivales a lo largo de los años.

La cruenta lucha ojo por ojo entre las dos mayores pandillas de El Salvador, la “Mara 18” y la “Mara Salvatrucha”, convirtió al país en el segundo con más asesinatos del mundo luego de Honduras, también asolado por la violencia de estas bandas.

Pero García, de la Mara 18, junto con otros veteranos de la Mara Salvatrucha, acordaron en marzo una tregua sin precedentes que según las autoridades recortó la tasa de homicidios a la mitad en muy poco tiempo.

“Hemos pasado por cosas que nos han cambiado. Es un desperdicio de vida, todos los que han muerto en este conflicto”, dijo García, quien lleva la mano de un esqueleto tatuada sobre su cabeza rapada.

Formadas en la década de 1980 en Estados Unidos por inmigrantes centroamericanos, las “maras” llegaron a la región cuando varios pandilleros fueron deportados de vuelta a casa.

En las últimas décadas crecieron dramáticamente en El Salvador, en donde se calcula hay unos 64,000 pandilleros.

Ramificaciones de las maras operan a lo largo de Centroamérica y en al menos 42 estados de Estados Unidos.

Las pandillas venden droga, regentean círculos de prostitución, extorsionan a negocios y cometen asaltos.

Muchos de sus miembros cubren sus rostros con amenazantes tatuajes, en una suerte de prueba de que su compromiso con la pandilla es de por vida. Y las luchas territoriales son duras, a menudo tomando de blancos a las familias de los miembros.

Cansado de los ciclos de asesinatos por venganza, los líderes de las pandillas rivales, encerrados lado a lado en una prisión de máxima seguridad a las afueras de la capital San Salvador, decidieron alcanzar un arreglo.

García y Arístides Umanzor, alias “El Sirra”, de la Mara Salvatrucha, respaldados por sus principales lugartenientes, buscaron la mediación de un obispo católico y un ex congresista de izquierda.

En marzo, sorprendieron al país al emitir una declaración conjunta anunciando el final de la violencia y un alto al reclutamiento de nuevos miembros, especialmente cerca de las escuelas en los barrios más pobres.

Desde entonces el cambio ha sido dramático. Las tasas de asesinatos han caído a unos cinco por día desde la docena diaria antes del pacto. El 14 de abril, El Salvador registró su primer día sin asesinatos en tres años.

“No vamos a desmovilizar a la pandilla 18, seguiremos siendo pandilleros, pero vamos a ir renunciando a los delitos conforme encontremos espacios de reinserción y trabajo en la sociedad”, señaló García desde una prisión en Quezaltepeque, en la que cumple una condena de 28 años.

El presidente del país, el izquierdista Mauricio Funes, insiste en que su gobierno no hizo acuerdo alguno con las pandillas. Pero poco después del anuncio de la tregua, 30 de los principales líderes fueron transferidos de prisiones de máxima seguridad a otras con beneficios como las visitas de familiares.

García fue trasladado a Quezaltepeque, en donde los reos disfrutan de libertades modestas, aunque aún debe compartir con 15 personas una celda diseñada para seis.

VIRAJE RADICAL

El Gobierno ha elogiado la tregua y busca garantizar que prevalezca por un largo rato colaborando con líderes empresariales para ofrecer programas de rehabilitación e incluso trabajo a los integrantes de las pandillas.

Se trata de un viraje en la política de “mano dura” aplicada contra las pandillas por años en Centroamérica. Bajo el mandato del predecesor de Funes, los adolescentes podían ser arrestados si lucían tatuajes de alguna banda sin necesidad de haber cometido un crimen, llenando las prisiones a niveles peligrosos.

“La represión del Gobierno hacia nosotros, la represión en los penales, la represión de la policía, las redadas masivas a los compañeros, prácticamente tenían una cacería abierta con los pandilleros y nosotros vimos que si no hacíamos algo pronto la situación nunca iba a cambiar”, dijo García.

El Faro, un periódico en Internet en El Salvador, reportó que la tregua fue resultado de un acuerdo entre el gobierno y los pandilleros para detener la violencia, a cambio de mejores condiciones en las prisiones y otros beneficios.

Pero el Gobierno negó dicha versión.

Aun así, las autoridades esperan que así como las rivalidades cruzaron la frontera por décadas, el mensaje de paz de García a sus ex enemigos pueda llegar a otros países vecinos.

“Compartimos nuestras experiencias y les están siendo bastantes útiles”, dijo el ministro salvadoreño de Seguridad, David Munguía, quien recientemente se reunió con sus pares de Guatemala y Honduras.

“De alguna manera están tratando de replicar algunas de las cosas que nosotros estamos aplicando y que nos dan resultados, pero considerando la especificidad de cada uno de los países porque no somos iguales”, agregó.

El jefe de la Organización de Estados Americanos (OEA) viajó a El Salvador la semana pasada para reunirse con pandilleros y tener conocimiento directo para transmitir al resto de la región.

Funes, un ex periodista, es el primer presidente del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), que fue fundado por la guerrilla marxista y que combatió durante 12 años en una guerra civil que dejó 75,000 muertos.

Los acuerdos de paz se firmaron en 1992 pero la violencia política fue rápidamente reemplazada por un estallido de violencia pandillera. El Gobierno cree que la tregua reciente es solamente parte de la solución.

“La pandilla no ha renunciado al crimen, todavía siguen siendo una organización criminal a la cual nosotros estamos persiguiendo, por lo tanto nosotros no esperamos que de la noche a la mañana estas pandillas dejen de delinquir”, dijo Munguía.

PAISES VECINOS, ESCEPTICOS

Funcionarios y pandilleros en otros países guardan escepticismo sobre la posibilidad de que el éxito de El Salvador pueda extenderse.

El presidente guatemalteco, el general retirado Otto Pérez, llegó al poder en enero con promesas de combatir frontalmente el crimen. Tan solo esta semana detuvo a 40 pandilleros por extorsionar a los vecinos en un barrio de la capital.

Las bandas tienen esquemas lucrativos de extorsión y demandan “impuestos de guerra” a los comerciantes locales, a choferes de autobuses e incluso a los hogares.

Normalmente asesinan a quien no paga.

En Honduras, el país más violento del mundo según Naciones Unidas con una tasa de homicidios de 87 por cada 100,000 habitantes, el sentimiento es muy parecido.

“No podemos negociar con ellos”, dijo Héctor Suazo, director de la unidad de investigaciones especiales del Ministerio de Seguridad de Honduras.

“Manejan fuertes sumas de dinero, el negocio de la droga les permite acceder a fondos para armarse. Los jóvenes andan bien armados, se apoderan de viviendas en zonas donde ejercen control y extorsionan y aterrorizan a la población”, explicó.

Un ex integrante de la Mara Salvatrucha en Guatemala, que perteneció a una “clica” o banda local llamada “Los Más Locos”, no está convencido de que la calma en El Salvador vaya a durar.

“Hay muchas mentiras en las calles”, dijo, pidiendo no ser identificado durante una entrevista en la cárcel en la que está encerrado por homicidio. “Los ‘hommies’ dicen una cosa y hacen otra. No cumplen con su palabra”, apuntó. (Reporte adicional de Mike McDonald en Ciudad de Guatemala y Gustavo Palencia en Tegucigalpa.)

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