15 de junio de 2012 / 22:18 / hace 6 años

REENVIO-BREAKINGVIEWS-Elección griega preocupa en demasía a inversores

(El autor es columnista de Reuters Breakingviews. Las opiniones expresadas son personales)

Por Edward Hadas

LONDRES, 15 jun (Reuters Breakingviews) - La tensión en torno a las elecciones griegas del domingo casi puede palparse. El mundo financiero mira a Atenas como si esa votación, la segunda en dos meses, fuera a cambiar la historia drásticamente para peor.

Podría suceder, pero probablemente no sea el caso. De cualquier manera, la economía mundial seguirá en problemas por varios años.

El mal presagio es el siguiente: los griegos eligen a un Gobierno que actúa tan mal que los demás miembros de la zona euro lo obligan a abandonar la moneda única.

El candidato cuya victoria es vista como el mayor riesgo para que eso suceda es el izquierdista Alexis Tsipras, aunque diga que quiere mantener al euro como moneda. Pero su rival conservador Antonis Samaras, o tal vez alguna coalición, tampoco la tendrá fácil en la Unión Europea.

En esta síntesis del apocalipsis, el impacto de la salida de Grecia de la zona euro desata el pánico financiero entre los miembros débiles del bloque. La discordia reemplaza a la precaria armonía política existente y el Banco Central Europeo se convierte en un búnker. La moneda única colapsa, se desata un temor a nivel global, una gran recesión y, para los más pesimistas, un grave conflicto militar.

Esa mera posibilidad es suficiente para asustar a muchos inversionistas. Su huída hacia territorios más seguros produce un aumento de los riesgos, como la reticencia a conservar deuda pública de España que dificultó a ese país conseguir préstamos.

Sin embargo, es mucho más probable que se dé un resultado mucho menos espectacular. Grecia no tiene un buen lugar adonde ir y los demás miembros de la zona euro tampoco quieren que se vaya.

La dolorosa austeridad actual, la lentitud de las reformas y el insuficiente progreso en el cumplimiento de objetivos poco realistas no es deseable. Pero la alternativa es peor.

En Grecia, la salida sería seguida de inflación, amargas recriminaciones políticas y muy probablemente de una enorme caída en el PIB. Sacudiría al resto del mundo.

Pero supongamos que Grecia no abandona el euro. Después de dos años de crisis, y de considerar esa posibilidad por al menos seis meses, los actores políticos deberían estar bien preparados.

Las consecuencias visibles serían un probable fortalecimiento del resto de la UE, que llevaría a los socios más débiles a redoblar sus esfuerzos por encarar reformas, al BCE a proveer más ayuda, y a los políticos a dejar de pelear por un tiempo. Alemania podría tal vez tolerar una salida griega, pero debería estar dispuesta a abrir mucho más sus arcas para ayudar a España a no sufrir un destino similar.

Los aspectos legales y los procesos son complejos. Pero la única cosa que realmente importa para el proyecto de la UE de ser “una unión cada vez más sólida” es que los políticos estén dispuestos a aceptar compartir el dolor de sus miembros en problemas.

Hasta el momento, lo están.

La UE no inspira mucho fervor idealista, pero para los partidos gobernantes y para los líderes de las respectivas oposiciones en toda la región sigue siendo la mejor de las alternativas.

Mientras esto sea cierto, la moneda única probablemente sobreviva.

La última parte del peor de los escenarios tiene más que ver con el contagio económico.

Cuando Lehman Brothers se derrumbó en el 2008, nadie estaba preparado para las consecuencias. Ese no debería ser el caso ahora, incluso si la UE pierde alguno de sus miembros, y es por eso que la analogía no encaja demasiado bien.

Los bancos centrales han descubierto que pueden atemperar crisis financieras imprimiendo dinero sin calentar -demasiado- la inflación. Desde la depresión pos Lehman, ningún otro banco grande cayó.

Con suficiente dinero fresco -hasta incluso con marcos, francos y liras nuevos- la perturbación económica podría ser minimizada.

Como sea, es mucho más probable que las elecciones griegas conduzcan más hacia un avance que a una descomposición.

Supongamos que los griegos eligen un Gobierno razonablemente funcional, dispuesto a cooperar con la UE. Eso podría calmar a los inversores y traerlos de vuelta a los mercados de bonos de la zona euro.

Con una disminución de la incertidumbre, el bloque -que tiene una deuda y un menor déficit fiscal que Estados Unidos y Japón, y un comercio más balanceado- podría incluso empezar a lucir relativamente saludable.

Pero eso sólo sería válido en un mundo inestable.

Las tensiones financieras que llevaron a la crisis de 2008 no desaparecieron y otras nuevas se han añadido. Incluso en China, que eludió los dolores de la última recesión, la economía luce más frágil que antes.

Pase lo que pase en Grecia el domingo y en las casi inevitables negociaciones que seguirán a la votación, el descontento económico mundial continuará por muchos años. (Editado en español por Damián Wroclavsky)

0 : 0
  • narrow-browser-and-phone
  • medium-browser-and-portrait-tablet
  • landscape-tablet
  • medium-wide-browser
  • wide-browser-and-larger
  • medium-browser-and-landscape-tablet
  • medium-wide-browser-and-larger
  • above-phone
  • portrait-tablet-and-above
  • above-portrait-tablet
  • landscape-tablet-and-above
  • landscape-tablet-and-medium-wide-browser
  • portrait-tablet-and-below
  • landscape-tablet-and-below