13 de junio de 2013 / 22:14 / hace 4 años

COLUMNA-Se avecina rivalidad de Estados Unidos y China por América Latina

(Gary Regenstreif es un columnista de Reuters pero sus opiniones son personales)

Por Gary Regenstreif

NUEVA YORK, 13 jun (Reuters) - Aunque los presidentes de Estados Unidos y de China proclamaron un “nuevo modelo” de cooperación en su cumbre del último fin de semana, una creciente competencia es lo que luce más probable.

La sucesión de actividades previas a la reunión del presidente Barack Obama con su par chino, Xi Jinping, en el desierto de California reveló que las miradas de Pekín y Washington están puestas sobre un premio similar, y enfrentan diferentes desafíos para obtenerlo.

El foco de ambos está puesto en América Latina y el premio es aumentar el comercio y las oportunidades de inversión en una región donde las reformas económicas han sacado a millones de la pobreza y los ha elevado a la clase media.

América Latina es rica en materias primas y energía -algo que tanto China como Estados Unidos necesitan-, cuentan con estabilidad política y ansias de promover acuerdos.

Hay que considerar el itinerario de viajes: Obama visitó México y Costa Rica el mes pasado. El vicepresidente Joe Biden fue recientemente a Colombia, Trinidad y Tobago y Brasil. El presidente de Chile le hizo una visita a Obama la semana pasada, el mandatario de Perú llegó el martes y la presidenta de Brasil tiene previsto verlo en octubre.

Mientras tanto, apenas Biden abandonó Trinidad y Tobago aterrizó allí Xi como parte de una gira que también lo llevó a Costa Rica y México para promover el comercio y la cooperación.

Tanto los funcionarios estadounidenses como los chinos, sin embargo, se están encontrando con una Latinoamérica más confiada, capaz de utilizar su nueva fuerza para forjar mejores acuerdos y encontrar múltiples socios comerciales.

Ello podría obligar a Washington a trabajar más arduamente para mantener su posición de liderazgo comercial por sobre China, que tiene dinero para gastar en la región.

“Hay un tono más enérgico (de Estados Unidos), un ánimo más optimista respecto a la agenda económica en el segundo mandato que la primera vez”, me dijo Michael Shifter, presidente de Inter-American Dialogue, un grupo de análisis político de Washington.

“Algo está ocurriendo en la región y Estados Unidos quiere ser parte de ello. Todavía está en duda si existe una visión o una política bien planeada. Pero se ve una mayor afirmación de la región y una voluntad de compromiso”, agregó.

Estados Unidos, el mayor socio comercial de América Latina durante gran parte de su historia, aún mantiene esa posición. Washington tiene pactos de libre comercio con más de un tercio de los países del continente y transa por año más de 800.000 millones de dólares en bienes y servicios con Latinoamérica, más de tres veces el comercio de la región con China.

Sin embargo, durante el primer mandato de Obama, el Gobierno estadounidense dejó la impresión de que estaba dejando de lado a América Latina. Y China avanzó rápidamente.

China aumentó su comercio anual con la región desde virtualmente nada en el 2000 a unos 260.000 millones de dólares en el 2012. Y en el 2009 superó a Estados Unidos como mayor socio comercial de Brasil, la potencia de la región, en gran parte mediante compras masivas de mineral de hierro y soja.

Otro dato importante: en 1995, por ejemplo, Estados Unidos representaba el 37 por ciento de las inversiones extranjeras directas de Brasil. La cifra cayó a un 10 por ciento en el 2011, según el Council of the Americas, que busca fomentar los lazos continentales.

La renovada pasión de Washington se debe al menos en parte al temor de que China repita en América Latina el éxito económico que ha tenido en África. China ha podido presentarse como un socio benevolente en el continente africano, lo que ha jugado a su favor dada la historia de Occidente de entrometerse en asuntos domésticos.

“Esto tiene que ver con la influencia y apalancamiento”, dijo Eric Farnsworth, vicepresidente del Council of the Americas. “La región maduró y espera ser tratada como parte de una verdadera sociedad en lugar de la forma condescendiente que se vio en el pasado”, aseveró.

Los desafíos que enfrentan Pekín y Washington están en cómo se acercan a la región. Washington se enfrenta al resentimiento regional por su histórica interferencia en los asuntos domésticos -que data de la Doctrina Monroe de 1823- y su continuo deseo de mezclar negocios con política, que embarra su acercamiento al comercio y a la inversión.

Los problemas domésticos de Washington, su nuevo énfasis hacia Asia y una serie de crisis globales también podrían obrar como distracción y evitar que cumpla con su palabra respecto a Latinoamérica, como ha ocurrido anteriormente.

En tanto, China es ampliamente vista en la región como libre de ideologías. Se acerca a las oportunidades casi exclusivamente en términos comerciales.

En un discurso el 29 de mayo en Río de Janeiro, Biden habló del progreso hecho por América Latina y elogió la creciente estatura internacional de la región.

Biden dijo que en Estados Unidos “la discusión ya no es la que era cuando fui elegido la primera vez, cuando era joven: ¿Qué podemos hacer por el continente americano? Eso ya quedó atrás. El asunto ahora es ¿qué podemos hacer juntos? Queremos comprometernos más. Creemos que hay una gran oportunidad. Somos optimistas”.

Como en muchos nuevos comienzos, un reconocimiento de los errores pasados sería indicado. “Para muchos en Brasil”, dijo Biden, “Estados Unidos no tiene una hoja de servicios limpia. Hay buenas razones para ese escepticismo. Ese escepticismo aún existe y es entendible. Pero el mundo ha cambiado. Estamos dejando atrás alineaciones antiguas, dejando atrás viejas sospechas y construyendo nuevas relaciones”.

China tiene un interés particular en México, el segundo mercado más grande de la región.

Pekín ha estado compitiendo con México para abastecer al mercado estadounidense con bienes manufacturados. Pero China ahora está buscando trabajar con el Gobierno mexicano, invirtiendo en infraestructura, minería y energía y quiere sacar provecho de las esperadas reformas que abrirían la industria petrolera mexicana a la inversión extranjera.

Hay obstáculos en el camino. Un punto de irritación que el presidente mexicano Enrique Peña Nieto le planteó a Xi es que aunque México registra un superávit comercial con sus socios globales, tiene un gran déficit con China.

Sin embargo, China busca incluso más. Desea con ansias un acuerdo de libre comercio con México, pero el Gobierno mexicano le dijo la semana pasada que era muy pronto.

En tanto, el comercio de México con Estados Unidos sigue floreciendo y hay previsiones de que a fines de esta década reemplace a Canadá como el mayor socio comercial de Estados Unidos, según Inter-American Dialogue.

China también está considerando unirse a las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés), que busca fomentar el comercio entre el continente americano, Asia y Australia. Las conversaciones incluyen a Estados Unidos, Canadá y otras grandes economías del Pacífico.

Cada superpotencia también trae su propio bagaje a la región. Washington todavía busca ejercer presión sobre sus socios. Le dijo a Brasil, por ejemplo, que tiene la responsabilidad de utilizar su influencia con otros países, por ejemplo Irán.

Por su parte “la inversión china no siempre viene acompañada de buenas prácticas de gobierno o preocupaciones ambientales o anti corrupción”, dijo Farnsworth.

Los diferentes enfoques le sientan bien a América Latina mientras busca un crecimiento continuo. “América Latina vive con agrado ser cortejada por ambas superpotencias”, explicó Shifter.

Al mismo tiempo que Latinoamérica no quiere depender mucho de Estados Unidos, tampoco quiere depender demasiado de China, particularmente a la luz de la actual desaceleración económica del gigante asiático.

“Les da opciones”, dijo Shifter sobre las diferentes dinámicas en juego.

“La relación estadounidense trae más complicaciones. La china tiene estrictamente la cuestión económica. Están muy enfocados, estratégicos en áreas que quieren apoyar. Tienen una agenda específica. La agenda estadounidense es más difusa. América Latina da la bienvenida a ambas”, sostuvo el presidente de Inter-American Dialogue.

Gary Regenstreif es un editor veterano de Reuters, en Nueva York. Previamente trabajó como jefe de redacción de Reuters en París, Roma, Buenos Aires y Caracas. Se unió a la agencia de noticias en su nativa Canadá. (Gary Regenstreif; traducido por Nadia López, editado por Hernán García y Silene Ramírez)

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