15 de abril de 2013 / 21:25 / hace 4 años

El chavismo sin Chávez nace debilitado tras victoria mínima en Venezuela

Por Enrique Andres Pretel

CARACAS, 15 abr (Reuters) - El propio Nicolás Maduro no se explica por qué tres meses antes de morir Hugo Chávez lo eligió como su sucesor al frente de la revolución socialista. “El tiempo” -dijo el recién electo presidente venezolano durante la fugaz campaña- “irá despejando las incógnitas que tenemos hoy”.

Pero lejos de resolverse, las dudas se multiplicaron después de que el fornido ex chofer de autobús apenas logró retener el poder para el chavismo en los comicios del domingo con un 50,66 por ciento, dilapidando el enorme caudal político y emocional que le dejó en herencia el líder tras su muerte el 5 de marzo.

En principio, ese decepcionante desempeño alumbra un chavismo mucho más frágil ya sin Chávez. Con un menor margen de maniobra ante la delicada situación económica del país, amenazado por potenciales divisiones internas en la heterogénea alianza socialista y una oposición fortalecida que podría intensificar sus protestas.

“Fue candidato del partido socialista por respaldo de Chávez, lo que forzó a las otras facciones del chavismo a aceptarlo pese a que carecía de una sólida base política y de experiencia electoral. De hecho, este fue su primer test electoral y falló”, dijo Daniel Bases, analista de Eurasia.

El primer boletín constató un trasvase de casi 700.000 votos oficialistas a la oposición respecto de las presidenciales de octubre, cuando Chávez ganó por más de 10 puntos la contienda ante el mismo rival, el gobernador Henrique Capriles, quien esta vez no aceptó el resultado y exigió un recuento total de votos.

“Profunda autocrítica nos obligan estos resultados, es contradictorio que sectores del pueblo pobre vote por sus explotadores de siempre”, dijo el teniente Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los hombres fuertes del Gobierno, en un mensaje en su cuenta de Twitter.

Los analistas describieron durante años de la paradoja de un presidente muy popular con un Gobierno muy impopular. Ahora, sin ese líder de referencia, parece que todo pende de un hilo.

“La Biblia dice que los profetas te llevan a la Tierra Prometida, pero nunca llegan a ella. Maduro va a tener que manejar con política lo que el presidente Chávez solventaba con carisma”, dijo Juan Carlos Monedero, quien fue asesor del fallecido mandatario, en una entrevista con un diario local.

LEJOS DE LA TIERRA PROMETIDA

Si la Tierra Prometida es el socialismo, el ex presidente dejó a su pupilo lejos de la meta, en medio de una difícil transición hacia un sistema híbrido cuyo lema “tanto Estado como sea posible y tanto mercado como sea inevitable” ha generado profundas distorsiones en la economía petrolera.

Para encauzar la senda hacia el ecléctico socialismo del siglo XXI, de influencias bolivarianas, cristianas y fidelistas, el “apóstol de Chávez” tiene dos caminos ante la una polarización nacional más patente que nunca.

“Una radicalización para combatir los problemas mediante mayor control económico o una ‘moderación bipolar’, donde la retórica agresiva se combina con una política de negociación con el sector privado y otros actores considerados adversarios”, dijo Luis Vicente León, de la encuestadora Datanálisis.

Maduro debe maniobrar en entorno de desaceleración económica tras dos devaluaciones que están impulsando la inflación, un severo desabastecimiento de productos básicos por los retrasos en la asignación de divisas para importadores y numerosos reclamos laborales con unas constreñidas finanzas públicas.

Pese a los problemas y a lo estrecho del resultado, el presidente electo cuenta con una formidable plataforma para impulsar su gestión, como la petrolera estatal PDVSA, el articulado partido socialista y unas instituciones públicas abiertamente militantes del “proceso”.

“Lo que vamos a hacer ahora es construir un Gobierno poderoso, del pueblo, un Gobierno que rectifique donde tenga que rectificar y vamos a construir una nueva, amplia, poderosa mayoría de la Revolución Bolivariana, no tengan duda de eso”, aseguró Maduro tras ser proclamado ganador en la víspera.

“El problema es que sin Chávez, la capacidad del Gobierno pedir paciencia a la población para cumplir promesas y expectativas es nula”, agregó el analista.

LOS QUE DUDARON

El resultado mostró precisamente lo que Maduro no cesó de repetir durante la campaña: que él no es Chávez.

La masiva pérdida de apoyo en tan sólo seis meses desnudó la enorme dependencia que tenía la “revolución bolivariana” de su difunto líder fundador, quien logró atraer a su causa dispares intereses políticos y consolidar una amplia de base de apoyo en los estratos más humildes del país petrolero.

Construida exclusivamente sobre el fervor hacia el “Comandante Eterno”, “hijo predilecto del Libertador” y “Cristo de los pobres de América”, la candidatura oficialista se desinfló a un ritmo vertiginoso desde los casi 15 puntos de ventaja con los que arrancó la lid electoral, según sondeos.

“Busquemos nuestras fallas hasta debajo de las piedras, pero no podemos poner en peligro a la patria ni el legado de nuestro Comandante”, añadió el controvertido Cabello, haciendo un llamado a la unidad en las filas oficialistas y lamentando que algunos aliados “se dejaran seducir por la derecha perversa”.

Con encendidos panegíricos que pintaban un chavismo a medio camino entre el movimiento político y el culto religioso, Maduro buscó emular con poca fortuna la combativa retórica y el estilo de su mentor, despertando escepticismo entre sus propias filas con discursos poco hilvanados y extravagantes por momentos.

“Se hizo lo mejor que se pudo con lo que se tenía”, confesó antes del cierre de campaña una fuente vinculada al Gobierno, reconociendo las limitaciones del candidato para un movimiento acostumbrado a un liderazgo fuerte y magnético.

Durante la carrera electoral de 10 días, los seguidores de Chávez aplaudían al mismo entorno presidencial al que acusaban de tener engañado al presidente y ser responsable de la ineficiencia y la corrupción que dispararon el crimen, inflamaron los precios y las deterioró las infraestructuras.

“Hace dos mil años, un día como hoy, los discípulos de nuestro Señor Jesucristo se dejaron llevar por el dolor, algunos inclusive dejaron de creer”, dijo Maduro en un mitin. “¡En su dolor llegaron a dudar!”, clamó, advirtiendo que la muerte del líder abrió las compuertas de una crítica contenida en la agrupación política durante los 14 años de la era Chávez. (Reporte de Enrique Andrés Pretel. Editado por Damián Wroclavsky)

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