10 de abril de 2012 / 14:19 / en 5 años

Obama, ¿un desencanto irreversible para América Latina?

Por Pablo Garibian

MEXICO DF, 10 abr (Reuters) - El presidente estadounidense, Barack Obama, tendrá un duro reto este fin de semana en la Cumbre de las Américas cuando enfrente cara a cara a una desilusionada Latinoamérica, luego de no poder cumplir su promesa de lanzar una nueva era de relaciones con la región.

Hace tres años en la cumbre de Trinidad y Tobago, un popular Obama despertó el entusiasmo de los líderes latinoamericanos, relajó restricciones sobre Cuba y cosechó elogios del venezolano Hugo Chávez, su mayor opositor en el hemisferio.

Pero desde entonces puso los compromisos con la región en un cajón y fijó sus prioridades en la crisis económica de su país, el descalabro de deuda en Europa, los conflictos en Medio Oriente y en estrechar vínculos comerciales con Asia-Pacífico.

Una vez más, Latinoamérica, donde la presencia de China es cada vez más visible, quedó postergada en la agenda de Washington.

En la cita de la ciudad colombiana de Cartagena, la cosa no se perfila mucho más auspiciosa, en momentos en que Obama está concentrado completamente en ganar su reelección en noviembre.

“La decepción y la desilusión son bastante reales”, dijo Hal Klepak, un profesor canadiense experto en Latinoamérica. “El enfoque de la última cumbre fue ‘el show de Obama’, esta vez lo que tenemos son años de que no pase na d a”, agregó.

A pesar de todo, Latinoamérica le recordará su descontento y sus reclamos, que van desde un mayor rol de Washington en la lucha contra el narcotráfico, la posible legalización de las drogas y hasta la inclusión de Cuba en el foro hemisférico.

Y esos son temas incómodos para Obama, que busca ganar la gracia de los votantes en parte evitando compromisos polémicos.

“Es el peor momento desde el punto de vista de plantearle temas a los americanos en vísperas de una elección difícil y problemática para el presidente Obama”, dijo Andrés Rozental, ex subsecretario de Relaciones Exteriores de México.

Pocos esperan acuerdos concretos de Estados Unidos en la sexta edición de la cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA) ante naciones donde poco a poco la influencia norteamericana va debilitándose.

“El rol de Estados Unidos en Latinoamérica ha disminuido. Y diría que es muy improbable que vuelva a ganar el tipo de influencia sobre la región que alguna vez tuvo”, sostuvo. Margaret Myers, directora del programa de China y Latinoamérica en el centro de estudios Inter-American Dialogue.

TIEMPO DE VACAS FLACAS

A Estados Unidos le está costando hacer remontar su economía. Las presiones presupuestarias en casa llevaron este año al presidente Obama a disminuir el gasto en temas que no son prioritarios para su gobierno.

Por eso pidió al Congreso recortar la asistencia total hacia el hemisferio en un 9 por ciento para el año fiscal 2013 -que empieza el próximo 1 de octubre- a 1.652 millones de dólares, según cifras divulgadas por el Departamento de Estado.

El desplome más notorio es en el programa antiterrorismo, donde los fondos bajaron un 35 por ciento. Para el control internacional de narcóticos, el recorte llegó al 16 por ciento.

Es una complicada carta de presentación con los presidentes latinoamericanos, aunque Obama insista en que el bienestar económico de Estados Unidos es un buen negocio para la región.

Si bien eso es cierto sobre todo para México y América Central, que tienen en Washington a su mayor socio económico, también estos países son los más golpeados por el narcotráfico y Estados Unidos es el principal consumidor de drogas del mundo.

Latinoamérica pondrá sobre la mesa reclamos para controlar la demanda de drogas y el flujo de armas hacia el sur y aumentar los esfuerzos de seguridad.

“Eso es completamente justo y creemos que es un diálogo totalmente legítimo que deberíamos tener”, dijo un alto funcionario del Gobierno de Obama que pidió omitir su nombre.

Pero la agenda de Obama girará en torno a la economía y a los mecanismos para incrementar el comercio con la región, destacando los recientes acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá, según la fuente del gobierno estadounidense.

Y eso es algo que ayudaría a recuperar los empleos que perdió su país con la crisis.

“La administración de Obama tendrá una oportunidad para persuadir a las naciones en desarrollo de la OEA de la noción de que su propia prosperidad de largo plazo está inevitablemente atada al comercio con el enorme mercado de Estados Unidos”, dijo en un reporte Peter Tase, del Council on Hemisferic Affairs.

LA SOMBRA DE CHINA

China ya es el mayor socio comercial de economías grandes de la región como Brasil y Argentina, a las que les compra cantidades industriales de materias primas, e invierte fuerte en países que disienten con Washington, como Venezuela y Ecuador.

Latinoamérica presume de economías más sólidas que en el pasado y la vieja necesidad de mirar hacia el norte no es tan apremiante como era hace dos décadas. Hoy busca acercarse a Asia e incluso fomentar mercados dentro de la propia región.

“Hay una sensación real en Latinoamérica que mientras Estados Unidos aún es un socio crítico en términos de comercio e inversiones y cuando se trata de trabajar hacia el desarrollo social y la democracia, ya no es la única opción”, dijo Myers, de Inter-American Dialogue.

Funcionarios brasileños se quejan de la política monetaria estadounidense que ha inundado de capitales Brasil, apreciando más allá de lo sano al real y restando competitividad a sus exportaciones.

México y Centroamérica esperan desde hace años una reforma migratoria que todavía no se concreta.

Argentina y Estados Unidos mantienen pleitos en torno a restricciones económicas y compensaciones para inversionistas estadounidenses.

“Estados Unidos ha mostrado a lo largo de su historia una dificultad de poder atender todos los asuntos, quiere ser el policía del mundo y quiere atenderlos, pero en general le cuesta mucho trabajo”, dijo el ex subsecretario mexicano Rozental.

Para Diego Guelar, ex embajador argentino en Washington, la cita de Cartagena se puede definir en una frase: “Va a haber más ruido que nueces”. (Con reporte adicional de Brian Ellsworth en Caracas, Laura McInnis y Arshad Mohammed en Washington. Editado por Lucila Sigal)

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