ENFOQUE-Miseria de jornaleros, un malestar social que podría extenderse por México

miércoles 20 de mayo de 2015 10:32 CDT
 

Por Lizbeth Diaz

SAN QUINTÍN, México, 20 mayo (Reuters) - Mientras las exportaciones de los cotizados frutos rojos de México se han disparado en los últimos años y el país hace gala de competitividad, las míseras condiciones de vida de miles de campesinos que los cosechan se han vuelto un polvorín social.

Hartos de la situación, miles de jornaleros salieron a protestar hace dos meses quejándose de que desde hace años ganan menos de un dólar por hora recogiendo fresas, moras y frambuesas en San Quintín, a 200 kilómetros de la frontera con California.

Algunos viven en barrios cerrados, propiedad de algunas de las empresas de la zona. Otros, en casas de cartón improvisadas en terrenos baldíos, donde duermen con sus hijos sobre el piso de tierra, sin electricidad ni agua potable.

Estos campesinos curtidos por el sol son pobres entre los pobres. Casi todos pertenecen a grupos indígenas, muchos son analfabetos o ni siquiera hablan español y llegan atraídos por las promesas de prosperidad en su mayoría desde los estados de Oaxaca y Guerrero, dos de los más marginados de México.

Después de semanas de manifestaciones, los jornaleros se sentaron a negociar con empresarios bajo la mediación de las autoridades. Aunque la semana pasada lograron algunas mejoras en sus condiciones laborales, no se avanzó en el tema candente del salario y planean volver a reunirse en junio para concretarlo.

Varias empresas que operan en la zona aseguraron que pagan salarios justos y brindan cobertura médica a sus jornaleros.

Pero aunque las exportaciones de fresas, en su mayoría con destino a Estados Unidos, se han multiplicado 17 veces en la última década para superar los 800 millones de dólares anuales bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, las condiciones no mejoraron mucho para los jornaleros.

"Nadie nos ayuda. Ganamos muy poco, no alcanza para vivir", se quejó Genaro Perfecto, un hombre de 38 años que vive junto con su mujer y cinco hijos en una precaria casa levantada con desechos de madera y cartones, donde duermen en el piso y suelen comer tortillas de maíz espolvoreadas con sal.   Continuación...