27 de octubre de 2014 / 11:18 / en 3 años

ANÁLISIS-Rousseff enfrenta dura tarea de restaurar la gloria económica de Brasil

Por Alonso Soto

BRASILIA, 27 oct (Reuters) - La presidenta Dilma Rousseff consiguió su reelección por estrecho margen gastando mucho y prometiendo extender su lucha contra la pobreza, pero necesitará poner las finanzas públicas en orden durante su segundo mandato si quiere volver echar a andar a la estancada economía de Brasil.

Rousseff derrotó al candidato opositor Aécio Neves en la segunda vuelta del domingo, ayudada por el fuerte apoyo de los votantes más pobres pese a los problemas de su Gobierno para mantener a raya a la inflación, atraer inversiones y reanimar a una economía que está en su cuarto año de crecimiento débil.

Con la agresiva campaña electoral a sus espaldas, Rousseff ahora enfrenta la dura tarea de devolverle el brillo a una economía que llegó a ser una de las favoritas de Wall Street, pero que ha sufrido por una mezcla de pasos en falso y por la crisis global que ha afectado la demanda por sus exportaciones

Para lograrlo, necesita moverse rápido para frenar la hemorragia en las cuentas fiscales de Brasil, que han aumentado la presión sobre la inflación y mermado la confianza de los inversores. Si no consigue ordenar las finanzas públicas, Brasil podría sufrir un recorte en su calificación crediticia en 2015.

Rousseff usó el domingo por la noche un tono conciliatorio en su discurso de victoria, prometiendo trabajar con sus adversarios políticos y con líderes empresariales para dar paso a una nueva etapa de crecimiento económico.

“Vamos a darle nuevo ímpetu a todos los sectores de la economía, especialmente la industria”, dijo. “Quiero una sociedad con todos los sectores, tanto productivo como financiero, para enfrentar los desafíos que vienen”.

También extendió una rama de olivo a los inversores preocupados por las deterioradas finanzas de Brasil, asegurando que estaba comprometida con la disciplina fiscal y con mantener la inflación a raya.

Sin embargo, hay dudas de que Rousseff -una izquierdista que cree en el crecimiento económico dirigido por el Estado- esté lo suficientemente enmarcada con el orden fiscal como para asumir cambios radicales en materia tributaria y de pensiones, o para reducir el gasto público en programas sociales.

“Todo dependerá de la política fiscal, pero no hay mucho margen para realizar un ajuste tan drástico en el corto plazo, dada la rigidez del presupuesto”, dijo Otaviano Canuto, funcionario del Banco Mundial, que según algunos en Brasilia es uno de los posibles candidatos para encabezar el Ministerio de Hacienda en un nuevo período de Rousseff.

Cerca de un 90 por ciento del gasto presupuestario de Brasil es obligatorio por ley, lo que implica que el Gobierno no tiene mucho margen para hacer recortes significativos sin reducir la inversión pública o los programas sociales.

“Cualquier acción fiscal debería ir acompañada de una estrategia de mediano a largo plazo para reforzar la confianza”, agregó Canuto, que no quiso referirse a los rumores sobre su posible nominación en Hacienda.

El déficit de presupuesto de Brasil se ha ampliado considerablemente bajo la administración de Rousseff, que aumentó el gasto público y concedió decenas de exenciones tributarias a empresas para estimular a la economía.

A pesar de esas medidas, la producción industrial no ha logrado repuntar y su Gobierno ha sido fuertemente criticado por usar maniobras fiscales para aumentar artificialmente los ahorros públicos.

El déficit en el presupuesto disfrazado por esos “trucos fiscales” -como demorar los pagos de los programas sociales y usar el fondo soberano del país- podría llegar a ser tan grande como el 2 por ciento del Producto Interno Bruto de Brasil, estimó BNP Paribas en un reporte reciente.

“BAGAJE IDEOLÓGICO”

Los dolores de cabeza de Rousseff no estarán limitados al terreno fiscal. Luego de mantener las tarifas de la electricidad y de combustibles artificialmente bajas en los últimos años para ayudar a contener la inflación, la presidenta está bajo presión para dejar que finalmente esos precios suban.

Un incremento sería buena noticia para la compañía estatal Petrobras y las distribuidoras de electricidad, pero también complicaría los esfuerzos contra la inflación de Rousseff y terminaría erosionando su popularidad con la clase obrera brasileña.

Una caída en los precios de las materias primas -debido a una desaceleración de la economía global y mayores tasas de interés en Estados Unidos- podría también afectar los esfuerzos para impulsar el ritmo de crecimiento económico.

Los inversores no están convencidos de que Rousseff vaya a actuar decisivamente para enfrentar los numerosos desafíos económicos que se presentarán en un segundo mandato, que comenzará el 1 de enero.

Aún así, algunos tienen la esperanza de que la amenaza de una rebaja en la calificación crediticia fuerce a Rousseff a adoptar un acercamiento más amistoso con los mercados.

Los mercados de cambio y de acciones se desplomaron cada vez que Rousseff avanzó en los sondeos de opinión, especialmente la semana pasada, cuando se impuso a Neves.

“No hizo ningún cambio durante su primer mandato, por lo tanto no creo que vaya a cambiar en un segundo mandato”, dijo Raul Velloso, un consultor económico con base en Brasilia.

“Tiene un bagaje muy ideológico y eso no cambia de la noche a la mañana”, agregó.

Pese a que ha prometido reemplazar al ampliamente criticado ministro de Hacienda Guido Mantega, los mercados siguen siendo escépticos de que Rousseff vaya a cambiar drásticamente y ser menos intervencionista.

Empresarios locales han presionado durante mucho tiempo por profundas reformas para recortar la burocracia, simplificar un código impositivo bizantino y reformar un sistema de pensiones que está acumulando presión sobre las finanzas públicas.

Rousseff concuerda en que muchas de estas reformas son necesarias, pero hasta el momento ha mostrado pocos deseos de ponerlas en el tradicional juego político que se requiere para impulsar esas iniciativas en el Congreso de Brasil.

Incluso con una clara mayoría en el Congreso, Rousseff ha luchado para aprobar normas que unifican impuestos menores y reducen levemente la carga del sistema de pensiones. Un Congreso todavía más fragmentado en un segundo mandato complicará aún más cualquier esfuerzo para bajar el costo que tiene hacer negocios en Brasil.

A las compañías brasileñas les toma un promedio de 2.600 horas al año calcular sus impuestos, según un estudio del Banco Mundial que compara cómo se hacen negocios en todo el mundo. Esto es casi 15 veces la cantidad de tiempo necesario tributar en Estados Unidos.

México y Colombia, que se embarcaron en reformas más ambiciosas para abrir sus economías, están creciendo a más del doble que Brasil.

Se espera que la economía de Brasil apenas crezca este año y se expanda sólo un 1,0 por ciento en el 2015, muy lejos de la tasa del 7,5 por ciento del 2010, justo antes de que Rousseff asumiera el cargo.

“No creo que Brasil pueda permitirse estar lejos de la tendencia global de reformas”, dijo Jorge Mariscal, analista jefe de mercados emergentes en UBS Wealth Management, que supervisa cerca de un billón de dólares en inversiones.

“Ya no tiene demanda externa para sostener a su economía”, afirmó. (Editado en español por Janisse Huambachano, Carlos Serrano, Juana Casas y Pablo Garibian)

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