COLUMNA-Culto a la personalidad

sábado 9 de marzo de 2013 12:37 CST
 

(John Lloyd es un columnista de Reuters y sus opiniones son personales)

Por John Lloyd

9 mar (Reuters) - La popularidad de Hugo Chávez no se limitó a Venezuela, sino que fue un fenómeno global.

El fallecido mandatario juntó a una coalición de fuerzas en una suerte de "Chávez Internacional" que buscó ser una alternativa a la hegemonía occidental. Un amalgama de aliados con una camaradería que históricamente lucía extraña -comunistas, islamistas, vestigios soviéticos, idealistas occidentales y extremistas de izquierda-, pero era políticamente poderosa. Y al final, irrelevante.

La primera alianza cercana de Chávez fue con Fidel Castro. Fue una devoción incondicional por parte del más joven de los dos socios; del lado de Fidel se trató de admiración acompañada de una astuta estimación de los beneficios que traía la lealtad de Venezuela en la era postsoviética.

Cuba recibe miles de millones de dólares en petróleo, Venezuela cuenta con miles de médicos cubanos, ingenieros y otros expertos.

Más que eso, Fidel le dio a Chávez una ideología de clase, o como escribe Francisco Toro, "una especie de moralidad cósmica que juega enfrentando al socialismo puro 'bueno' en una lucha a muerte sin fin contra los estragos que causa el imperialismo estadounidense 'malo'".

El "imperialismo estadounidense" fue el pegamento que mantuvo unido al Chávez Internacional. Lo asoció con una serie de figuras mundiales deseosas de cortejarlo por su riqueza petrolera, y encantadas de juntarse en contra de un Occidente que era o bien un enemigo activo o bien uno potencial.

Chávez visitó y proclamó en voz alta la virtud de Bashar al-Assad de Siria, del fallecido Muammar Gaddafi, del también muerto Saddam Hussein, del iraní Mahmoud Ahmadinejad, del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, y del zimbabuense Robert Mugabe.   Continuación...