21 de marzo de 2012 / 20:28 / hace 6 años

Exiliados en Miami suavizan postura sobre visita del Papa a Cuba

* Cientos exiliados cubanos católicos viajarán a Cuba la próxima semana

* Exiliados piden al Papa que se reúna con disidentes en Cuba

* Arzobispo de Miami busca construir puentes con Cuba

Por David Adams

MIAMI, 21 mar (Reuters) - El empresario cubano-estadounidense Carlos Saladrigas se oponía de tal manera a la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998 que organizó una coalición de líderes cívicos en Miami en contra del viaje.

Más de 10.000 personas, entre ellas los políticos cubano-estadounidenses más destacados de Miami, realizaron una protesta en el distrito La Pequeña Habana de la ciudad, lo que obligó a la Iglesia a cancelar su plan de enviar un crucero a Cuba con peregrinos desde Florida.

Pero ahora, 14 años más tarde, Saladrigas sostiene que estaba equivocado. En momentos en que el Papa Benedicto XVI se prepara para visitar la isla la semana próxima, el empresario no sólo apoya el viaje, sino que planea estar ahí, acompañado de su esposa y cientos de exiliados cubanos.

“Quiero estar con mis hermanos cubanos. De muchas maneras, es mi venganza personal contra mi mismo”, dijo al explicar que las imágenes de multitudes de cubanos participando en las misas papales en 1998 lo hicieron repensar en su posición.

El cambio de opinión de Saladrigas es una señal de cuán diferentes son las cosas en Miami desde aquella visita. Los sondeos muestran una caída del respaldo cubano-estadounidense al embargo de Washington contra la isla caribeña y un creciente apoyo a los viajes de los exiliados a Cuba.

Si bien algunos se han quejado a una radio local sobre la visita del Sumo Pontífice, sus voces son la minoría y no hay planeadas protestas callejeras.

En cambio, muchos cubano-estadounidenses probablemente sintonicen la cobertura televisiva del viaje de tres días, con la esperanza de escuchar alguna crítica del Papa al sistema comunista de Cuba y el tratamiento a los disidentes.

Los cubanos en Miami aún recuerdan las palabras de Juan Pablo II en una misa en La Habana cuando dijo “Que Cuba, con todas sus magníficas posibilidades, se abra al mundo, y que el mundo se abra a Cuba”.

Aunque el sistema político de Cuba no cambió, la esperanza que inspiró la visita tuvo un perdurable efecto en Saladrigas y otros en la comunidad de exiliados cubanos, mayoritariamente católicos, de Miami.

“Fue el principio de mi catarsis”, afirmó. Dijo que había evolucionado desde “otro cubano-estadounidense radical que buscaba aislar a Cuba” a un firme creyente en construir puentes entre los cubanos en la isla y aquellos en Miami.

“Todos estos años en vez de dañar al régimen cubano lo estábamos ayudando. Esta imagen de los cubanos en Miami como bárbaros era exactamente la imagen que el régimen de Castro quería crear. Fue un regalo”, destacó.

Pero no todos en la comunidad de exiliados coinciden con Saladrigas. Le han llamado “Judas” en algunos barrios y otros exiliados se quejan de que la visita del Papa perjudica las posibilidades de una transición hacia la democracia.

“Es un viaje que legitimiza la dictadura”, dijo la congresista republicana cubano-estadounidense Ileana Ros-Lehtinen en una audiencia local recientemente.

Muchos jóvenes exiliados apoyan la visita del Papa e instan al Vaticano a alentar a los activistas por los derechos humanos en Cuba en vez de sólo criticar al embargo estadounidense contra el país.

“Creemos que se habla demasiado de la política estadounidense hacia Cuba, el embargo comercial y todo eso”, dijo Giancarlo Sopo, un ejecutivo de mercadeo de 28 años en Miami, quien organizó una petición en la red social Facebook que pide al Papa que se reúna con disidentes en Cuba.

“La historia son los derechos humanos”, añadió.

No está claro si el Papa planea dialogar con disidentes, aunque su agenda oficial no incluye una reunión de ese estilo.

ARZOBISPO CRITICADO

Algunos exiliados dirigen su molestia contra el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, quien planeó el fallido crucero en 1998 y que encabezará un viaje especialmente organizado por la Iglesia hacia Cuba con 300 personas la semana próxima.

Sylvia Iriondo, una agente inmobiliaria cubano-estadounidense y líder del grupo Madres y Mujeres Contra la Represión, acusó a Wenski de fomentar una división entre los católicos.

“Está decidido a servir como agente de viaje (para) un régimen comunista ilegítimo”, escribió en un artículo publicado en el diario The Miami Herald.

Pero a Wenski no le preocupan las críticas, que han sido menos duras este año y limitadas a algunos comentaristas de línea dura en una radio de habla hispana, además de algunas cartas manifestando el enojo del remitente a la arquidiócesis.

“Me critican más que eso si llego tarde a una confirmación”, bromeó Wenski en una entrevista con Reuters.

Wenski, admirado dentro y fuera de la Iglesia por decir lo que piensa, nació en Florida de padres inmigrantes polacos y encabeza el comité de asuntos internacionales de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

El arzobispo, que maneja una motocicleta Harley-Davidson 1.800 cc y se parece al líder polaco Lech Walesa, habla español con fluidez. Además es un defensor de los derechos de los inmigrantes y de mejores relaciones con Cuba para la que también aboga por un cambio político y económico.

Wenski dijo que la visita del Papa era una oportunidad para la Iglesia de usar su rol espiritual y ayudar a cerrar las divisiones dentro de Cuba, y con su comunidad de exiliados.

Unos 250.000 cubanos viajaron hacia Miami en los últimos 10 años, y se estima que 375.000 cubanos-estadounidenses visitaron la isla en el 2011, señaló.

Generaciones mayores están regresando a Cuba, algunos por primera vez en 50 años.

“Cuando vuelven es una experiencia muy emotiva para ellos, pero también muy sanadora”, dijo el arzobispo. “No aceptan el régimen más de lo que lo aceptan antes, pero entienden que hay gente de carne y hueso allí”, agregó.

También es importante para los jóvenes cubano-estadounidenses que nunca vieron la isla, dijo Luis Gazitua, un abogado de 36 años de Miami quien viajará con el grupo de la Iglesia en lo que será su primera visita a Cuba.

“Será bueno ver finalmente algo sobre lo que tanto he escuchado”, comentó.

Saladrigas retomó el tema y dijo que la lección que aprendió de la visita papal en 1998 fue que el cambio es un proceso lento que requiere paciencia.

“En Miami solíamos tener esta teoría de que un día, de repente, Cuba sería libre e iríamos para allí”, recordó.

“La visita del Papa en 1998 me enseñó que tenemos que aprovechar las oportunidades. Cada vez que se abra una puerta, no hay que cerrarla de un portazo, hay que poner el pie y abrirla”, afirmó.

(Editado en español por Patricia Avila)

REUTERS PA NAB SR/

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