ANALISIS-Comercio México-EEUU, una gran grieta para el lavado de dinero narco

martes 6 de noviembre de 2012 09:00 CST
 

* Para ver una versión PDF de esta nota link.reuters.com/pyz73t
    * Millones de dólares mal habidos se filtran en la economía
    * Comercio con EEUU, un gran problema descuidado
    * Nueva ley antilavado es un avance insuficiente
    * Reguladores están sobrepasados de denuncias para
investigar

    Por Pablo Garibian y Tomás Sarmiento
    MEXICO DF, 6 nov (Reuters) - México ha construido barreras
legales para cerrarle el paso al dinero del narcotráfico, pero a
pesar de los sofisticados controles financieros miles de
millones de dólares se siguen colando por la puerta grande: el
comercio con Estados Unidos.    
    La cruzada mexicana para atacar el lavado debe lidiar con
sistemas automáticos de detección que fallan, la falta de
personal de supervisión en entidades financieras y reguladores,
una economía donde reina el efectivo, y para rematar, el poder
corruptor y la creatividad de los cárteles de la droga.
    El comercio se ha convertido en una autopista para las
organizaciones de narcos, que limpian ganancias en compraventas
con firmas de Estados Unidos a las que envían cargamentos de
productos lícitos sobrefacturados a través de empresas fachada.
    Con un creciente intercambio bilateral de 450.000 millones
de dólares anuales, el volumen de negocios hace fácil esconder
el dinero en un país socio del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá.
    Cerca de 200 empresas de México figuran en la lista negra de
la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del
Departamento del Tesoro estadounidense por supuestos lazos con
el narcotráfico, desde firmas comercializadoras y exportadoras
hasta compañías de servicios aéreos y de lavado... de autos.
    Ponerle cifras al dinero sucio que se escurre por el
comercio es complicado ante la falta de estimaciones confiables,
pero los que conocen el terreno coinciden en que es un dolor de
cabeza varias veces multimillonario.
    El dinero que blanquea el narcotráfico va de 4.000 a 10.000
millones de dólares anuales, según d os cálculos distintos del
Gobierno mexicano. Washington cree que puede trepar hasta 29.000
millones y hay legisladores mexicanos que suben la cuenta hasta
los 45.000 millones. 
    Esa catarata de recursos es el combustible que aviva la
macabra violencia que ha dejado cerca de 60.000 muertos desde
que el presidente Felipe Calderón lanzó una cruzada con miles de
soldados en las calles poco después de asumir en el 2006.
    
    Para intentar bloquear los caminos al dinero ilegal, el
Congreso aprobó en octubre una ley antilavado, dos años después
de haber sido enviada por Calderón.
    "Es un buen paso, (pero) no creo que sea suficiente", dijo
Jorge García-Villalobos, socio de asesoría financiera en
Deloitte especializado en antilavado de dinero, sobre la ley.   
 
    Aunque restringe las compras de bienes en efectivo, impone
penas de cárcel para los actores del sistema financiero y amplía
los sectores obligados a reportar operaciones sospechosas, la
demorada norma no hace referencia al problema comercial.
     "Hay que salir de la visión estrecha de que el lavado de
activos se ha hecho solamente a través de las instituciones
financieras", dijo Antonio Mazzitelli, jefe de la Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) en México.
    "Hay una multiplicidad de actividades económicas que pueden
facilitar el lavado de dinero, y en eso seguramente más el
comercio", agregó.
    Pero controlar el comercio sin lastimar la vital corriente
de mercancías legales es delicado para México. Implica negociar
con sus socios un cambio de protocolos y aguzar la lupa fiscal,
cuando Washington ha sido reticente a modificar el TLC.
    
    REZAGO
    El Gobierno estuvo lento de reflejos. Aunque la estrategia
de Calderón llevó a abatir o arrestar a docenas de capos del
tráfico de drogas, no puso el mismo cuidado a las finanzas de
los cárteles durante sus primeros años de combate a los narcos.
    Los cárteles embolsan por la venta de cocaína, marihuana y
metanfetaminas en Estados Unidos unos 60.000 millones de dólares
anuales, según Naciones Unidas. Y la mitad de eso volvería a
casa. 
    Los narcotraficantes limpian su dinero mediante mecanismos
cada vez más sofisticados, que van desde inversiones bancarias o
tarjetas prepagadas hasta seguros e instrumentos financieros.
Con sus bolsillos llenos, compran desde rifles de asalto hasta
camiones artillados, pagan a sicarios y sobornan a funcionarios.
    "Es su alimento y oxígeno", dijo Celina Realuyo, presidenta
de la consultora CBR Global Advisors y ex directora de Programas
Financieros de Contraterrorismo en el Departamento de Estado del
país norteamericano. "Todo se trata del dinero", agregó.
    Apenas dos años atrás, México implementó requisitos y
límites para el uso de dólares en efectivo. La medida fue un
éxito y el monto de dólares que circulaba por la economía se
redujo en un 70 por ciento, según cálculos oficiales.
    No es raro que México esté rezagado en el combate a ese
delito frente a otros países, como dicen especialistas.
    Los propios funcionarios mexicanos reconocen que faltan
cumplir 14 de las 137 recomendaciones que le hizo hace cuatro
años el Grupo de Acción Financiera contra el Lavado de Capitales
(GAFI), creado por el G7, que iban desde endurecer las leyes y
hacerlas cumplir, hasta mayor coordinación entre autoridades.
    El GAFI evaluó nuevamente a México en octubre, pero aún los
resultados no han sido publicados.
    Y en una actividad tan subterránea, es muy difícil, aún para
los mayores expertos, calcular si el lavado de dinero se ha
incrementado o ha disminuido en los últimos años.
    Parte del problema es la falta de capacidad para revisar
transacciones en un sistema como el mexicano, que cursa más de
cuatro millones de cheques y transferencias diarias, según
promedios calculados por Reuters con datos del banco central.
    "El volumen de operaciones es descomunal, no hay gente que
te pueda rastrear al cien por ciento todas las operaciones",
dijo Jorge Torres, coordinador de Contraloría del Banco Base.
"Imposible", insistió.
    Su banco, una pequeña institución enfocada en clientes
patrimoniales, solamente tiene un puñado de gente en prevención
de lavado de dinero, que recibe un curso en línea de hora y
media cada seis meses para renovar su certificación.
    Cuando las entidades financieras detectan cualquier
operación fuera de lo común, se cubren la espalda reportándolas
a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de
Hacienda, generando un efecto contraproducente por la cantidad
abrumadora de transacciones que los reguladores deben chequear.
    Del total de 45.000 operaciones inusuales que reportan
bancos y entidades financieras en promedio al año, alrededor del
5 por ciento son las que realmente traen indicios de lavado de
dinero, según cifras oficiales. Incluso detectando las
transacciones, es difícil comprobar que es dinero sucio.
    "Estamos sobresaturando o estamos congestionando a la
autoridad", dijo García-Villalobos, de Deloitte.
    Y el exceso de reportes podría empeorar cuando la ley entre
en vigencia a mediados del 2013, porque agrega la obligación a
miles de entidades de distintos sectores de la economía a
informar cada operación que les haga fruncir el ceño.
             
    MECANISMOS IMPERFECTOS
    La mejor forma de cerrar el grifo del dinero sucio es
atajarlo antes de que entre al sistema, aseguran autoridades.
    "Es como cuando entra un colado a una fiesta de 200
personas", dijo un funcionario del Gobierno mexicano bajo
condición de anonimato. "Una vez que entra en el sistema (...)
se hace más difícil rastrear el dinero ilícito", agregó.
    Pero cuando se trata de prevención, las manos disponibles
que tiene el Gobierno son pocas.
    La reguladora Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)
tiene que supervisar a más de 2.600 entidades financieras, desde
bancos, casas de bolsa y sociedades de inversión hasta
cooperativas de crédito y pequeños centros cambiarios con menos
de 100 personas.
    "Son equipos muy, muy pequeños", dijo Viviana Garza,
vicepresidenta de procesos preventivos de la CNBV.
    Para detectar el dinero de procedencia oscura, México
depende de sistemas bancarios, del buen juicio de las entidades
financieras y del conocimiento que tienen de sus clientes, una
práctica habitual en todo el mundo. 
    Esos mecanismos ya han fallado. Y en grande. 
    HSBC fue acusado el año pasado en un reporte del Senado
estadounidense de no haber frenado el flujo de dinero sucio en
sus operaciones mexicanas, apuntando a 7.000 millones de dólares
enviados desde México a Estados Unidos entre el 2007 y el 2008.
    HSBC admitió defectos en sus controles antilavado y pagó una
multa de 28 millones de dólares a la CNBV, la mayor impuesta en
México a un intermediario financiero..
    La CNBV le había avisado desde el 2002 que ciertas
operaciones olían mal. Pero asegura que era responsabilidad del
banco hacer los ajustes necesarios y darle seguimiento.
    "Las fallas son tan básicas que alguien debería haber sido
atrapado por eso", dijo Jorge Guerrero, consultor de antilavado
para Optima, una empresa de Compass Group.
    Pero nadie terminó preso. Y la tentación de los bancos por
conservar sus volúmenes de negocios y a los grandes clientes
patrimoniales los exponen a este tipo de situaciones. 
    "Quien tiene los elementos para conocer al cliente son las
entidades financieras y no las autoridades", dijo el alto
funcionario. "En las propias instituciones hay conflictos de
intereses", sostuvo.
    Sin embargo , el jefe de la Asociación de Bancos de México
(ABM), Jaime Ruiz Sacristán, aseguró que el caso HSBC es la
excepción y no la regla. Y dijo que en los últimos 10 años la
banca invirtió 700 millones de dólares en sistemas automatizados
de control.
    "Una parte del problema de nuestro país, distinto a otras
economías, es que tenemos mucho dinero en efectivo en
operaciones normales", agregó.
    
    ADIOS AL "CASH"
    La extendida economía informal de México, que incluye desde
vendedores ambulantes hasta puestos callejeros de tacos, es
aprovechada por los criminales para lavar dinero y por otros
muchos para evadir impuestos.
    Ahora con la nueva ley, el Gobierno espera atacar el
problema que acarrea la economía "cash".
    La norma limita las compras en efectivo de bienes raíces,
joyas y vehículos y establece penas de cárcel para toda la
cadena, desde un cliente bancario sospechoso que mienta a un
ejecutivo de cuenta hasta el apoderado legal de la institución
financiera que entregue información falsa a un regulador.
    Por ejemplo, no se podrán comprar en efectivo automóviles,
botes o aeronaves con un precio mayor a unos 16.000 dólares o un
sedan económico. Las compras de inmuebles en efectivo quedaron
restringidas a unos 38.000 dólares, el precio de una vivienda de
interés social en los alrededores de Ciudad de México.
    Con la nueva ley, también estarán obligados a reportar
operaciones sospechosas joyeros, notarios, contadores públicos,
empresas de blindaje de autos y comerciantes de obras de arte. 
    "De nada sirve que tengamos leyes, si nadie vigila que se
cumplan", dijo a pesar de todo García-Villalobos de Deloitte.
    Para empeorar las cosas, la creatividad que presumen los
narcotraficantes para limpiar su dinero no tiene límites.
    Las preocupaciones de los reguladores ya no están solo en
las transferencias bancarias y en los cuantiosos y pequeños
centros cambiarios a los que es difícil seguirles la pista.
    Además sospechan que los criminales también blanquean dinero
con apuestas en casinos y rifas, con tarjetas de afinidad de
tiendas o incluso dando dinero en efectivo a estudiantes para
que los depositen en sus cuentas.
    "El problema ahora es que los mecanismos financieros del
crimen organizado ya no son lo que eran, un tipo sin educación
con una bolsa llena de millones de dólares", dijo Gonzalo Vila,
director de operaciones para Latinoamérica de la ACAMS, la
asociación de especialistas certificados en antilavado.
    "Ahora son tipos sofisticados financieramente en oficinas en
el distrito financiero de México, Miami o Buenos Aires, moviendo
el dinero con instrumentos sofisticados y usando todas las
herramientas que el sistema financiero les proporciona", agregó.
    Las aseguradoras también han reportado casos que terminaron
siendo investigadas por la fiscalía federal, después de detectar
fraudes de daños que eran pagados a una empresa fachada por más
de un millón de dólares, de acuerdo con Erika Montaño, oficial
de antilavado de la aseguradora Zurich en México.
    Las inversiones en los mercados financieros también son una
ventana para legitimar dinero, aseguran los especialistas. No es
   fácil dilucidar quiénes se benefician en última instancia con
la compra de instrumentos como fondos, acciones o bonos.
    En México se puede operar a través de intermediarios
financieros sin que el nombre del cliente aparezca en las
transacciones, a diferencia de países como Brasil, donde el
beneficiario real tiene que estar inscrito ante el regulador.
    "No me hago ilusiones de que podamos frenar por completo el
lavado de dinero. Creo que podemos reducirlo, creo que podemos
obstruirlo, creo que podemos forzarlos a moverse", dijo Guerrero
de Compass.

 (Reporte adicional de Ioan Grillo. Editado por Damián
Wroclavsky)