11 de mayo de 2012 / 16:18 / hace 5 años

ENFOQUE-JUEGOS-Relevo de la antorcha comienza en Olímpicos nazis

5 MIN. DE LECTURA

Por John Mehaffey

LONDRES, 11 mayo (Reuters) - La niebla se disipa para revelar imágenes en blanco mármol de la Grecia clásica, que culminan en la célebre estatua de Mirón de un atleta a punto de lanzar un disco. Este es el prólogo del notable documental de Leni Riefenstahl "Olympia".

La estatua gira y se funde en una imagen idéntica de un lanzador del disco contemporáneo, y finalmente la llama captura la pantalla y un corredor con el torso desnudo se embarca en el primer relevo de la antorcha de los Juegos Olímpicos modernos.

Al igual que en el resto de la obra maestra de Riefenstahl, la secuencia del relevo es a la vez inquietante y perturbadora.

La antorcha viaja desde Olimpia, Grecia, a través de Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia hasta Berlín, en los Juegos de 1936 organizados por los nazis. Es un viaje que el Ejército alemán deseaba reconstruir.

Un mar de fascistas saluda al último portador de la antorcha, Fritz Schilgen, quien corre por el estadio de Berlín para encender el pebetero. Grecia lidera los 51 países que desfilan en la ceremonia inaugural bajo la mirada del canciller alemán, Adolf Hitler.

La llama, los cinco anillos, el juramento olímpico y el himno eran productos del nacionalismo fanático de Europa durante los años de entreguerras.

Una propuesta del organizador de los Juegos de Berlín, Carl Diem, sobre el relevo de la antorcha fue añadida y más de 3.000 corredores portaron la antorcha en más de 3.187 kilómetros.

Los orígenes clásicos de la llama olímpica están en el robo del fuego al dios olímpico Zeus por parte de Prometeo, quien tenía por objetivo dárselo a la humanidad.

En Olimpia, sede de los Juegos antiguos, la llama ardía en el altar de Hestia, la diosa y guardiana del fuego. Fue introducida en los Juegos modernos de Amsterdam 1928 y encendida de nuevo en Los Angeles cuatro años más tarde.

Impulsada por la cobertura entusiasta de las radios, el relevo de la antorcha fue un gran éxito en Berlín y después de la Segunda Guerra Mundial se estableció firmemente como un ritual popular antes de los Juegos.

El primer corredor en el relevo durante los Juegos de Londres 1948 se quitó el uniforme militar, antes de llevar la llama para conmemorar la tregua sagrada de paz observada en los antiguos Juegos. Un barco transportó la llama a través del Canal de la Mancha a Inglaterra.

Nuevo Mundo

En 1968, el relevo siguió los pasos de Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo y los Juegos de México, y la antorcha, pero no la llama, ha sido llevada dos veces al espacio por los astronautas. Camellos transportaron la llama a través del desierto australiano antes de los Juegos de Sídney 2000.

El portador de la antorcha final es un deportista célebre desde que el atleta finlandés Paavo Nurmi, nueve veces campeón olímpico, deleitó a la multitud al encender el pebetero en los Juegos de Helsinki. Una estatua de Nurmi se encuentra en las afuera del estadio.

En los Juegos de Atlanta 1996, Muhammad Ali, quien como Cassius Clay ganó el título de pesos pesados de boxeo en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, encendió la llama con mucha fuerza de voluntad, mientras sus manos temblaban por efectos del Parkinson, el cruel legado de su exitosa carrera profesional.

Cuatro años más tarde, la atleta australiana de etnia aborigen Cathy Freeman, caminando aparentemente sobre el agua, encendió el pebetero en los Juegos de Sídney. A diferencia de Nurmi y Alí, a Freeman aún le faltaba ganar un título olímpico, algo que logró de forma espectacular en la final de los 400 metros.

En Londres, los manifestantes que protestaban contra la política china en el Tíbet intentaron varias veces apagar la llama. Los funcionarios de seguridad la extinguieron en París al menos dos veces y la llevaron en un autobús ante otras protestas violentas. La travesía por San Francisco, Estados Unidos, fue cambiada para evitar más problemas.

A los 90 años, Schilgen fue portadora de la antorcha otra vez antes de los Juegos de Atlanta. Murió en 2005 en Kronberg, a los 99 años, la misma edad que tiene actualmente Diana Gould.

Gould tendrá 100 años cuando lleve la antorcha en su barrio natal de Barnet durante los Juegos de Londres en julio. (Editado en español por Rodrigo Charme)

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